2008 -Riorojo
Por Jorge Valderrama
En aquel entonces hubiera deseado saber más, pero era consciente que eso le habría condenado, mantenerse bloqueado e ignorante irónicamente su tabla de salvación, como una salida, donde el absoluto es esquivo. De corazón sentía que simplemente había sido expulsado de algo divino mientras escapaba.
Llegaron a su pueblo presentándose como investigadores y filántropos de comunidades socialmente marginadas. Fue un tiempo de felicidad aparente, donde la burbuja de un progreso sin límites hizo que la población y el comercio florecieran.
Él ayudaba cuidando los materiales de la construcción que realizaban los extranjeros en las faldas de la montaña Riorojo, que le prestaba el nombre a todo lo que nacía a veinte kilómetros de radio, curiosamente el rio estaba totalmente seco, y según los más viejos nunca existió.
Los investigadores e ingenieros siempre se presentaban reservados sobre sus actividades en la montaña, y dado que los permisos estaban en orden, era nicho de rumores y habladurías.
A oído aprendió su idioma y le permitió ascender a jefe de obra, y volverse un empleado de confianza. Pasaban cosas raras casi diariamente, sonidos perturbadores, luces y presencias oscuras pero miraba para otro lado o se movía, olvidándose de cualquier cosa. Los accidentes se volvieron comunes, y era preocupante su ritmo exponencial de aumento, igual él estaba bien y eso importaba sobre los demás.
Hasta el día que simplemente la tierra se movió de manera brutal y con ello se trago toda la obra y parte del pueblo llevándose consigo promesas y dinero. Parecía ser el fin, cuando los aparentes sobrevivientes surgieron de los túneles en la montaña. Fue horrible.
Llovía tormentosamente la última vez que enterró los restos de sus ex-jefes, las dos primeras se vio obligado a guardar silencio. No necesitaba más problemas, ni sumarle a los actuales la certeza de una maldición oscura y siniestra para hacer aun más grave una situación que desafiaba la lógica sanidad., pero finalmente el secreto se hizo evidente.
Recoger las cosas y huir se volvió una tarea compleja, así como evitar un linchamiento de parte de sus vecinos y conocidos que los condenaban como parte del mal que les había arrebatado a sus seres queridos y hogares. Mientras parcialmente atropellaba con un camión pequeño a aquellos que intentaban detenerle, en su mente absurdamente se imponía el recuerdo de la última vez que habló con el ingeniero horas antes de la madrugada en que ocurrió el terremoto.
- Riorojo es bello, muy bello
- Sí señor, si usted lo dice.
- No necesitas ser condescendiente todo el tiempo, además es claro que ustedes ignoran el tesoro sobre el que viven.
- Sí señor Riorojo es bello.
- Bueno, hasta mañana, todo está en orden, a primera hora bajaremos la maquinaria, los túneles están listos.
- Sí señor, a primera hora.
25 de agosto del 2008
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